La CIA y los exiliados cubanos han confabulado la muerte de Fidel Castro hasta en 638 ocasiones, ninguna tuvo éxito, según la información aparecida en The Guardian .

Entre las fuentes consultadas por The Guardian se encuentran, Fabián Escalante, que fuera encargado de seguridad de Castro, Wayne Smith, antiguo director de la sección de intereses estadounidenses en La Habana y varios documentos, que salieron a la luz durante el mandato de Bill Clinton.
El puro explosivo: El más conocido de todos los intentos, cuya misión era la de volar por los aires la cara de Castro.

Moluscos explosivos: Conociendo la fascinación de Fidel por el submarinismo en las costas de Cuba, la CIA decidió invertir una gran cantidad de dinero en un inmenso número de pequeños moluscos caribeños, con una cáscara lo suficientemente grande como para contener una cantidad letal de explosivos. Estos serían pintados con colores llamativos para captar la atención de Castro.
Traje de buzo infectado con hongos: Para provocarle una enfermedad crónica y debilitante.

Bolígrafo-jeringuilla: Un agente de la CIA debía clavarle dicha jeringuilla, curiosamente, el día que murió Kennedy.

Amantes ‘a sueldo’: La CIA contrató a una antigua amante del Comandante, proporcionando a la mujer unas píldoras venenosas que ésta debía ocultar el las cremas faciales que Castro se daba.

Veneno de bacterias: La CIA trató de pigmentar las servilletas de té de máximo mandatario cubano con un veneno letal.

Explosivos bajo el podium: El más reciente de los intentos, el que se produjo en 2000, durante la visita de Castro a Panamá, donde cuatro hombres, incluido el antiguo agente de la CIA Luis Posada Carriles, denunciado por el propio Fidel en 2001, tal y como publicó BBC , fueron detenidos por el equipo de seguridad personal del Comandante, cuando trataban de colocar 90 kg de explosivo bajo el podium donde el dirigente cubano iba a dar un discurso.

Otros intentos destacados son, por un lado el de un antiguo compañero de clase de Castro, que planeó matarle al estilo mafioso, pegándole un tiro en plena calle, o la de un franco-tirador, que fue detenido en la Universidad de La Habana, cuando trataba de atentar contra Castro en una visita de éste a dicho centro.

Vía 20 minutos.

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